Es posible que esta nueva entrada en el blog genere más de un comentario, pero tengo que contar con ello. Soy consciente de que nunca se puede, ni se debe generalizar, pero algunas de las últimas conversaciones y encuentros de trabajo mantenidos, me llevan a defender lo que expongo a continuación.
Hace unos días, hablando con unos amigos funcionarios de un ayuntamiento, comentaban la situación, relaciones laborales, presupuestos, salarios y otros elementos ligados a su actividad. En un momento salió en la conversación algo relativo a la paga de productividad que percibían. Me quedé sorprendido:¿ Tenéis fijados objetivos?, ¿Habéis establecido indicadores de seguimiento y control?, ¿Se implantan acciones de mejora relacionadas con los mismos?. La respuesta fue clara y contundente: NO. La paga de productividad es algo que, en ese ayuntamiento en concreto, vienen percibiendo durante algo más de dos décadas todos los trabajadores, al margen de lo que hagan.
Conozco Ayuntamientos que están haciendo serios esfuerzos por mejorar la productividad, e implicar a las personas que trabajan en los mismos en la gestión. Casos como los de los Ayuntamientos de Getxo, Vitoria-Gasteiz, Bilbao y algunos otros, sobre todo Institutos Municipales de Deportes, son ejemplos a seguir. Pero, desgraciadamente, no es lo normal. Sorprende conocer, y lo digo con la información suficiente para poder afirmarlo, que muchas de estas instituciones no cuentan con indicadores de control de su actividad, y cuando existen, no hay objetivos marcados. entonces, ¿cómo miden la productividad para poder retribuirla?.
Además, e insisto en que no se puede generalizar, ya que conozco magníficos profesionales de la gestión pública, no detecto en buena parte de los trabajadores de las instituciones municipales el suficiente ánimo para llevar a cabo una gestión similar a la de una empresa privada, pero , lo que es peor, tampoco en la mayoría de los políticos, y eso es verdaderamente peor.
Volviendo a lo de la productividad, mis amigos funcionarios ponían un ejemplo: Su jornada mensual es de 140 horas, y una delegada sindical de dicho ayuntamiento acumula al mes 196 horas: las suyas y la de los compañeros sindicalistas que no hacen uso de las mismas. Al final, por cada mes trabajado, el Ayuntamiento le debe todavía semana y media de días libres. Y lo peor del caso es que los reclama. ¿Hablamos de productividad?

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