miércoles, 20 de octubre de 2010

Espíritu de Aprendizaje

Estoy leyendo un libro escrito en el año 1936, que acaba de ver publicada su primera edición en España. El libro, escrito por dos periodistas rusos del diario Pravda, -ambos con un amplio bagaje literario a sus espaldas, narra un viaje que los dos corresponsales realizaron de Este a Oeste y de Oeste a Este de Estados Unidos durante el final de la Gran Depresión estadounidense.
El libro lleva por título " La América de una planta", en referencia al estilo de construcción de las viviendas de las familias estadounidenses, en su gran mayoría viviendas unifamiliares, a excepción de las grandes ciudadades. Los autores, Ilf y Petrov, describen a lo largo de sus páginas una maravillosa lección de aprendizaje.
Sorprendidos en sus tránsito de la sociedad comunista de la época a la opulencia del sistema capitalista, pese a la crisis galopante que sufría en aquellos momentos, sorprende la claridad con la que van anotando todo lo que les llama la atención, los choques culturales que reciben , el bombardeo de información que van acumulando, todo con el fin de transmitir a la sociedad rusa de su época las diferencias entre uno u otro sistema.
Sin embargo hay un hecho que me llama la atención y es lo que me hace traerlo a esta entrada del blog: el estímulo por aprender, por ver cómo poder mejorar, como adaptar a una realidad diferente el aprendizaje de una sociedad más avanzada. Es decir, lo que ahora todo el mundo trata de identificar como benchmarking o mejores prácticas, sólo que hace casi 80 años atrás.
El libro está publicado en la editorial Acantilado, una editorial a tener en cuenta dada la calidad de los autores y títulos publicados. En cualquier caso, al márgen de las conclusiones de aprendizaje que podamos extraer de su lectura, se lo recomiendo vivamente: tan sólo la lectura de los dos primeros capítulos donde se narra el viaje a bordo del trasatlántico Normandie desde la ciudad francesa de Le Havre hasta Estados Unidos, y los primeros días de estancia en Nueva York ya merecen la pena por sí solos.