He estado en Santiago de Compostela trabajando con una organización casi, casi, recién nacida en el ambito de la Economía Social. Todavía son pocas, muy pocas, las empresas asociadas con las que cuentan. Pero tienen un valor importante: ilusión para afrontar el reto de desarrollar y hacer crecer una agrupación que vele por los intereses de las sociedades laborales y la defensa, promociòn y consolidación de las sociedades laborales gallegas.
Mientras definíamos el plan de gestión para el año en curso, he podido comprobar como ,en determinadas organizaciones, lo que se nos antoja como amenazas para el desempeño de nuestra actividad y la consecución de los objetivos se convierten en oportunidades. A partir de la ilusión se plantean retos que,en apariencia pueden parecer poco ambiciosos, pero si se analizan con la perspectiva y el rigor de la realidad de la estructura de que se dispone, constituyen un esfuerzo importante.
Para ello, han definido acciones, se han marcado plazos y fijado objetivos y mecanismos de control y seguimiento. Saben que no lo tienen fácil, que ni siquiera el momento y la situación de crisis que nos afecta es la más oportuna, pero cuentan con un combustible que , junto con el esfuerzo les puede llevar lejos: ilusión.

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