lunes, 30 de noviembre de 2009

Administración Pública y orientación al ciudadano

Acabo de leer una información donde el ministro de Administración Pública de Italia, Renato Bruneta, ha manifestado su intención de elaborar una Ley que obligue a los funcionarios públicos a ser amables y corteses con los ciudadanos. Según Bruneta, "la cortesía y disponibilidad de todos los empleados públicos ante los ciudadanos, quienes tienen que ser considerados como clientes y por tanto recibir servicios de calidad".
No está mal que las administraciones públicas comiencen a considerar a los ciudadanos como clientes. En Euskadi hace tiempo que desde algunos entes de gobierno, fundamentalmente ayuntamientos- Bilbao., Vitoria-Gasteiz, Getxo,...- se vienen haciendo serios esfuerzos por introducir dicha cultura en la función pública. Una cultura que implica que el ciudadano es un cliente que tiene unos derechos, también unas obligaciones, pero al que se está obligado a dar respuesta a sus necesidades y expectativas.
Sin embargo, creo que queda un amplio recorrido en materia de definir expectativas y dar respuesta a las necesidades. En muchos casos, demasiados todavía, estas necesidades y expectativas no encuentran respuesta desde la Administración, donde, desde algunos ámbitos, todavía hay fuertes resistencias. No hace todavía mucho tiempo, mientras impartía una charla sobre estos temas, un arquitecto de un importante municipio replicó que"para lo que pagan los ciudadanos, demasiado reciben. Si supieran lo que de verdad vale lo que hacemos por ellos no exigirían tanto". Es un ultramontano, seguramente una excepción, aunque me sorprendió por venir de una persona joven, que rondaría los 35 años. Por eso, no está mal que la Administración se vaya orientando al ciudadano, pero de verdad.