
El comienzo de un año suele ser el momento en que todos nos marcamos objetivos para intentar alcanzar a lo largo del ejercicio. Son objetivos personales, de empresa, deportivos, de cualquier ambito. Sobre el tema de los objetivos hay muchas opiniones. Hay quien piensa, y puede que tenga razón, que en tiempos de crisis como los actuales cualquier planificación es una mero ejercicio de fabulación. Otros, por el contrario, son defensores a ultranza de la planificación y la ortodoxia, casi, casi rayando la paranoia.
En estos momentos, estoy ultimando un plan estratégico y un plan de gestión en otras tantas empresas. Por supuesto, en los dos casos se establecen objetivos medibles, cuantificables, creo que ambiciosos y, también, alcanzables. Pero más allá de los propios objetivos marcados, que considero fundamental en la gestión, lo importante es que las personas con capacidad de decisión se sientan a hablar , a compartir o identificarse con una Visión global de la empresa. Ver que, independientemente de su área funcional o el proceso correspondiente, tanto su actividad como el logro de sus objetivos contribuyen a la consecución de los objetivos generales de la organización. Y por mucho que todos lo demos por sentado, que nos parezca de sentido común, la experiencia me dice que no está generalizado ni mucho menos en las empresas.
Aunque pueda parecer un sin sentido, son más los que se ven picando piedra que construyendo una catedral.

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